En cuanto alguien menciona un fetiche, la conversación suele irse a uno de dos extremos: burla o diagnóstico improvisado. ¿Podemos hablar de gustos entre personas adultas sin convertirlos en toda la identidad de alguien?
Me interesan formas de conversar sobre deseos, límites y consentimiento sin pedir detalles íntimos. Tener curiosidad no obliga a practicar nada. Compartirla tampoco da derecho a presionar a otra persona.